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Hace exactamente 30 años, a comienzos de diciembre de 1989, recorriendo el Palacio de Adriano en la antigua Cartago, en Túnez, recogí una amapola y la coloqué entre las páginas de un libro que llevaba conmigo. Hace pocos meses la encontré prensada en ese libro, la pasé por un escáner buscando conservar su imagen antes de que se desintegrara y luego la trabajé cuidadosamente de varios modos con distintas formas de iluminación.

Este experimento dio inicio a la serie de fotografías titulada Floribus, que nace de la “Amapola de Adriano”, como la he llamado, y continúa con flores secas o frescas recogidas en las calles de Cali, en arbustos y árboles de las zonas más verdes de nuestra ciudad, cada vez más sorprendida por la inmensa riqueza floral de nuestro entorno. Esta exposición muestra apenas el inicio de una investigación y es solo un pequeño conjunto de un gran número de flores que he logrado compilar desde que comencé este proceso creativo hace 7 meses; constituye también, y de cierta manera, un homenaje a la inmensa labor científica y artística que desarrollaron Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en Colombia, apenas iniciado el siglo 19.

Las flores y sus significados simbólicos han estado presentes en las grandes leyendas y en los mitos más imperecederos de la humanidad. En nuestro pasado precolombino, los aztecas adoraban a Xochiquetzal, diosa de las flores, consorte y hermana melliza de Xochipille, príncipe de las flores y dios del amor y de la belleza. Las flores ocupaban entonces el sitio más elevado de la escala espiritual y de los conceptos estéticos. Así, en ese mismo nivel, los romanos tenían a Flora y los griegos a Cloris.

En la historia de la cultura y el arte la flor ha sido un elemento reiterativo en todas las manifestaciones creativas, ejemplos han sido: El Campo Pintado de Flores, de Cicerón; Apolo y Jacinto, de Mozart; La Consagración de la Primavera, de Stravinsky; Los Nenúfares de Monet; Las Flores del Mal de Baudelaire; Manos con Ramos de Flores, de Picasso; Flores Secas, de Irwin Penn; Jardínes, de Alejandro Obregón, y tantos otros. Ofrezco a ustedes este mismo placer estético con la mediación de mi mirada y los dejo con algo que Confucio nos dijo siglos atrás: “Me preguntas porqué compro arroz y flores? compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo cual vivir.”

Mónika Herrán

Cali, diciembre 5, 2019